Una sala llena y una vacía no se llevan igual.
Lo aprendimos mirando una llena, desde detrás de la barra, un viernes a las nueve.
Un servicio no se descontrola de golpe.
Se descontrola por una mesa que alguien daba por libre. Por una reserva escrita en la página siguiente del libro. Por dos minutos buscando un nombre mientras hay cuatro personas de pie en la entrada y el pase empieza a gritar.
Nada de eso sale en ningún sitio. No hay ninguna cifra que lo recoja y nadie habla de ello al día siguiente. Pero pasa cada noche, y cada noche cuesta dinero.
Las reservas están en tres sitios a la vez.
Un restaurante independiente lleva las reservas en una libreta, en las notas del móvil y en la cabeza de quien coge el teléfono. Herramientas hay, pero ninguno de los tres sitios sabe qué hay en los otros dos.
Con poca gente, funciona. Cuando se llena, deja de funcionar, y es exactamente cuando nadie tiene dos minutos para comprobarlo.
Por eso Resvity empieza por el plano de la sala.
Una herramienta de reservas sola ordena la libreta, pero en la sala nadie ve lo que hay apuntado. Nosotros queríamos juntar en un mismo sitio las mesas, las reservas y el trabajo que se come el tiempo sin que nadie lo vea.
Por eso el estado de cada mesa sale de las reservas del día: el plano y la lista de reservas no se pueden contradecir, porque miran la misma información.
Con qué criterio entra cualquier cosa.
El tiempo es el coste que no sale en ninguna factura
Las acciones habituales se hacen con tres toques como máximo y ninguna pide confirmación, porque todas se pueden deshacer durante cinco minutos. Una tarea que se hace cuarenta veces por servicio no puede costar seis toques.
Ninguna cifra que no se haya medido
Los cubiertos, los no-shows y la rotación salen de las reservas de verdad, con la definición de cada cifra escrita al lado. Cuando una medida todavía no tiene suficiente historia, dice «todavía no» en lugar de enseñar la mitad.
Solo hacemos lo que podemos hacer bien
Ni cobros a los comensales, ni TPV, ni varios locales desde una sola cuenta. Preferimos hacer bien las reservas y la sala que hacerlo todo a medias.
El cliente ve vuestro restaurante, no Resvity.
Quien reserva no abre una app de reservas: abre la página del restaurante, con su logo, sus colores y su tipografía, tal como los ha elegido la casa. Resvity solo aparece en pequeño al pie de la página.
El nombre que tiene que recordar es el de la casa donde cena. Si al final de la cena no sabe que existimos, es que hemos hecho bien nuestro trabajo.
Os enseñamos Resvity con vuestras mesas.
Una llamada: nos contáis cómo cogéis las reservas hoy y os enseñamos cómo quedaría vuestro restaurante, con Pro o con Básico. En la llamada no se firma nada.